LA DANZA DE LOS ÁRBOLES DORMIDOS
En “La Danza de los Árboles Dormidos”, ,, el espectador
es inmerso en un paisaje
invernal que trasciende la mera representación visual para convertirse en una experiencia táctil y emocional. La artista logra una atmósfera onírica y melancólica a través de una paleta de colores fríos, donde los azules y grises dominan, salpicados por tenues toques de color que sugieren la persistencia de la vida bajo el manto helado.
La riqueza textural de la obra es uno de sus aspectos más distintivos. La superficie, lejos de ser plana, se levanta y se hunde, creando un relieve que invita a ser tocado, a sentir la rugosidad de la corteza de los árboles y la pesadez de la nieve acumulada.
Esta materialidad confiere a los árboles, figuras centrales de la composición, una presencia casi escultórica. No son meros elementos paisajísticos, sino personajes silenciosos en una danza invernal, sus formas esqueléticas insinuando movimientos
pausados y ancestrales.
La luz, aunque tenue, juega un papel crucial. Se filtra entre las ramas desnudas, creando sombras sutiles que acentúan la tridimensionalidad de la escena y añaden una sensación de profundidad misteriosa. Los espacios entre los árboles no son vacíos, sino que respiran con una quietud palpable, sugiriendo un mundo en pausa, a la espera del despertar primaveral.
“La Danza de los Árboles Dormidos” no busca la literalidad, sino la evocación. A través de su abstracción lírica, la artista nos invita a reflexionar sobre la naturaleza cíclica de la vida, el letargo invernal como preludio de la renovación. La obra se convierte así en una metáfora visual de la quietud interior, un espacio para la contemplación y la conexión con la serenidad latente del mundo natural. Es una pieza que resuena no solo con la vista, sino también con el tacto imaginado y la memoria de inviernos silentes, dejando una huella imborrable en la sensibilidad del espectador.
Técnica mixta(arpillera,pita,tela,masilla,esmalte,acrílico)sobre lienzo.
